Deseo compartir con ustedes un pequeño resumen de mi vida que ojalá les sea de utilidad si su intensión es servirle a Dios.
Quienes me conocen saben muy bien que soy un costal de fracasos. No he triunfado mucho, pero el triunfo mayor ha sido CONOCER A JESUCRISTO y mi mayor fracaso por lo no haberle conocido antes, me hubiese ahorrado muchos errores que cometí. Era una persona de sentimientos encontrados y confusos.
A pesar de que nací entre las dos corrientes: Católico por el lado materno y Evangélico por el lado paterno, crecí en un ambiente que todo me parecía igual, pero aún así no conocí a Cristo. Agradezco a mi familia que no me enseñaran a odiar sino a amar, lo cual valoro mucho, y más agradezco a mi abuela materna -Mamachús- que me llevaba a hacer el Santo Rosario, que aunque me le dormía y no lo entendía, Dios hacía su trabajo en silencio. Fui a hacer mi Primera Comunión con una fe muy raquítica más por cumplimiento que por convencimiento, de unos 20 niños que recibimos la Doctrina solo aparecí yo al final con unos zapatos todos rotos como a las 6: 00 de la tarde, completamente solo ante el Padre Hugo Gómez.
Una vez casado, ya en 1989, decidimos con mi esposa -que no venía de una familia devota- buscar de Dios, sentimos que a nuestro nuevo hogar le faltaba algo. En esa búsqueda fuimos a parar a un grupo gnóstico, que luego de conocerlo nos enteramos que no era ni siquiera cristiano. No tardamos mucho tiempo en retirarnos y una noche caminando por las calles de Jutiapa nos encontramos con un grupo que estaba haciendo su pachanga en el garage de una casa -era del hermano Héctor y su esposa Berta-, por curiosidad ingresamos, nos dieron la bienvenida, vimos que hacían cosas medias raras parecidas a los evangélicos pero se decían católicos, eran carismáticos católicos, total, decidimos quedarnos, hicimos nuestro Retiro de Inicio ese mismo año y una experiencia más en Encuentro Matrimonial que nos sirvió de mucho aunque nunca fue un grupo estable en mi Parroquia.
Pues bien, mi experiencia mayor la hice en la Renovación Carismática Católica a quienes considero mis Padres y Madres en la Fe hasta la fecha, aunque del Retiro de Inicio salí un poco decepcionado, porque veía que todos recibían dones especiales: profecías, lenguas, canto, prédica, descanso en el espíritu, etc. y yo no sentí nada. Y como no sentí nada decidí apostar más por conocer que por sentir, eso me llevó a conocer a los Monjes Benedictinos de la Basílica de Esquipulas en 1998 sin abandonar mi grupo de oración. Agradezco eternamente el que me hayan recibido y asignado un lugar en el Monasterio -indignamente merecido por ser Laico y Pecador-, en ellos empecé a sentir algo raro, como que los conocía desde hacía mucho tiempo y cada vez que los veía en las peregrinaciones hechas por mis abuelos a Esquipulas -encabezadas por Papa Polo- había algo en ellos que me atraía, posiblemente fue su hábito. Luego su silencio me hizo madurar en la fe, su actividad intensa y su preocupación por la lectura y la oración, convirtió mi vida en oración.
Sucedió en mi nueva vida cristiana una mezcla de pentecostalismo carismático y silencio benedictino, nació la Contemplación. Nunca vi a Dios, pero en mi interior sucedía algo que iba creciendo y un deseo por servirle a quien no veía ni sentía, pero que me atraía.
Hasta que un día de abril de 2008, visitó mi tierra Jutiapa, Guatemala, un invitado por la Diócesis de Jalapa para ofrecer una conferencia en la colocación de la primera piedra en la construcción de la Casa para la Nueva Diócesis de Jutiapa, el Padre Juan Rivas de HOMBRE NUEVO USA -de quien ni su nombre había escuchado-. Sin conocerme me hizo una invitación personal para asistir al Congreso de la Divina Misericordia en Los Angeles, California, invitación que había hecho a otros compañeros de otros países sin yo saberlo. Acepté su invitación casi a ciegas, dejando por un lado mis quehaceres personales que eran muchos en aquel momento y mi familia. Hasta la fecha no se ni por qué los dejé y acepté su invitación, yo no era de esos. Con muchos obstáculos planifiqué mi viaje... Eso fue el 1 de agosto de 2008. Estuve con Padre Rivas una semana. Después del Congreso de la Divina Misericordia nos dedicó una semana de preparación junto a otros cuatro invitados de otros Países. Después de esa convivencia Padre Rivas nos dejó en libertad de decidir nuestra decisión de servirle a Dios. Por unanimidad uno a uno fuimos respondiendo nuestro SI.
Indignamente fui nombrado para Guatemala y los demás compañeros para sus respectivos países. El Padre Juan hizo una oración especial por nosotros y el envío se dio.
Juan Pablo II había marcado mi vida de alguna manera... y el saber que HOMBRE NUEVO continuaba con sus sueños me confirmó lo que buscaba: CONVOCAR a los católicos que abandonaron la fe, FORMAR a los que están dentro y COMPROMETER a los formados en el trabajo de la Nueva Evangelización. Ser una Iglesia con los brazos abiertos como una Madre acoge a sus hijos. Y el saber que HOMBRE NUEVO contaba con su Bendición Pontificia no dudé más de que estaba en la Iglesia que Cristo fundó, la Religión del Amor.
Regresé a Guatemala con un compromiso a cuestas, pero no me sentí solo.
Hasta la fecha sigo siendo Carismático y Benedictino, pero sobretodo, más Católico que nunca. Porque fue algo más que me atrajo de HOMBRE NUEVO: que no te roba tu espiritualidad, ni te saca de tu grupo, si éste es cristiano, sino por el contrario, te consolida y te confirma para ser más efectivo en tu Parroquia.
Hoy en día, trato de inyectar en los demás el fruto de este regalo. Desapareció de mi persona la tristeza por no recibir ningún don en mis retiros anteriores... y aunque quizá no los tenga, doy gracias a Dios porque otros tengan lo que yo no poseo, ya que en la diversidad de dones la Iglesia se hace fuerte. Y si por algo vale la pena desgastarse es por Cristo y su Iglesia. Al final, la gran pregunta será: ¿me salvé o no me salvé? la respuesta la podemos construir aquí y ahora. Los talentos tienen vigencia eterna. Mis problemas y enfermedades hoy se convirtieron en escala para el ascenso y motivo de acción de gracias por permitirme tenerlos. Amo más que nunca mis fracasos y mi vida ahora tiene sentido. Y aunque no tenga ningún don especial, me siento el hombre más feliz de la tierra por una sola razón: ME ENCONTRE CON CRISTO VIVO.
Mi hambre y mi sed es ahora hacer su voluntad, continuar con su obra y comprarle regalos para llevarle cuando me llame a su presencia, aunque esa compra sea con mi propia vida.
Que María nuestra madre te muestre el camino a ti también, como lo hizo con su prima Isabel, con el anciano Simeón, con los Apóstoles, con los Papas que se han acogido a ella, con los Santos y Santas de Dios, y como lo hizo conmigo -un pecador de primera- por medio de mi abuela en los Rosarios que me aburrían.
Un beso a mi esposa Paula y a mis hijas Nancy Paola, Diana Stephanie y Paula Celeste por ayudar a sostenerme en la Fe.
A mis Padres, Hermanos y Amigos, un abrazo de PAZ.
A Usted, suplico de favor sus oraciones, porque aún estoy pisando barro y puedo aún caer.
Dios nunca nos da el mapa completo para movemos en este camino de razón y fe.
BENDICIONES.
Nery Edelfo Martínez Najarro
Director
Hombre Nuevo GUATEMALA
Cel. 40999299
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